Ópera mexicana

La historia de la ópera mexicana se inicia en 1711 con el estreno de La Parténope de Manuel de Sumaya, la primera ópera compuesta en América del Norte por un compositor americano. Durante el siglo XIX, Cenobio Paniagua impulsó el género con su obra Catalina de Guisa (1859) y fundó una academia donde se formaron figuras como Melesio Morales y la célebre soprano Ángela Peralta. Sin embargo, la inestabilidad política y la dependencia de compañías extranjeras impidieron que muchas obras locales se estrenaran, como las óperas perdidas de Ramón Vega. Un punto de inflexión ocurrió en 1866, cuando el emperador Maximiliano I financió el estreno de Ildegonda de Melesio Morales, interpretada por Ángela Peralta. Finalmente, en 1871, Guatemotzin de Aniceto Ortega marcó un hito al ser el primer intento consciente de incorporar elementos nativos a la forma operística italiana, estrenada con Peralta y el tenor Enrico Tamberlick.