Depósito de combustible

El depósito de combustible es un contenedor seguro para líquidos inflamables que forma parte del sistema del motor, almacenando el combustible necesario para que un vehículo avance. Su diseño varía desde diminutos contenedores para mecheros hasta los complejos depósitos criogénicos de los transbordadores espaciales. En la automoción, destacan dos tecnologías principales: los depósitos de plástico (polietileno de alta densidad), fabricados por moldeo por soplado y muy populares por sus bajas emisiones y la posibilidad de crear geometrías complejas que optimizan el espacio y la seguridad, y los depósitos de metal (acero o aluminio), soldados a partir de láminas estampadas. Los vehículos modernos integran funciones como el cierre centralizado de la tapa o la apertura a distancia, y cuando se enciende la luz de reserva, no existe un depósito extra, sino que simplemente se ha superado un límite que suele permitir unos 50 km adicionales. En competición, las "células de combustible" incluyen un núcleo de espuma para evitar explosiones y minimizar el movimiento del líquido, mientras que las aeronaves usan tres tipos: integral, rígido desmontable o elástico. En definitiva, el tanque no solo almacena, sino que debe garantizar una carga segura sin chispas, evitar fugas y medir el nivel en todo momento.