Aceite de oliva

El aceite de oliva, obtenido del fruto del olivo (Olea europaea), es un producto esencialmente culinario que se extrae mediante presión en instalaciones llamadas almazaras, aunque también se emplea en cosmética, medicina y religión. Su producción está históricamente ligada al Mediterráneo, siendo España el mayor productor mundial (casi la mitad del total), seguido de Italia y Grecia, que juntos acaparan tres cuartas partes de la producción global. La calidad se determina por sus propiedades organolépticas y su contenido de ácidos grasos libres, y la Unión Europea lo clasifica en seis categorías según la concentración de estos ácidos. Su origen se remonta al Creciente Fértil, donde hacia el 4000 a.C. se cruzaron variedades africanas y orientales, y ya en Egipto (2000 a.C.) se utilizaba con fines cosméticos, atribuyendo su cultivo a la diosa Isis. Cabe distinguir la olivicultura (cultivo) de la elaiotecnia (extracción), y en España legalmente se denomina aceite de oliva a la mezcla de refinado y virgen con una acidez máxima de 1,5 grados. Aunque la aceituna cruda es amarga, el 90% de la producción mundial se destina a la elaboración de este aceite, que hoy se comercializa envasado en botellas o bidones protegidos de la luz.