Invasión rusa de Ucrania

La invasión rusa de Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022, representa una escalada de la guerra ruso-ucraniana que comenzó en 2014 y constituye el mayor conflicto militar convencional en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Hasta 2026, este conflicto ha causado la muerte de más de 25.000 civiles ucranianos y 200.000 soldados, además de generar la mayor crisis de refugiados en el continente desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 7,3 millones de ucranianos desplazados al exterior y 7,1 millones desplazados internamente, junto con graves daños ambientales y a la seguridad alimentaria mundial. Tras meses de negar sus intenciones, el presidente ruso Vladímir Putin reconoció el 21 de febrero de 2022 a las repúblicas de Donetsk y Lugansk, y al día siguiente autorizó el uso de la fuerza, anunciando una "operación militar especial" que precedió a ataques con misiles y a la entrada de tropas terrestres. La ofensiva inicial fracasó en el frente norte con la batalla de Kiev, pero los rusos tomaron Jersón y Mariúpol en 2022, mientras que Ucrania lanzó contraofensivas exitosas a fines de ese año, recuperando territorio y provocando la anexión rusa de cuatro provincias tras referéndums rechazados internacionalmente. En 2023, Rusia movilizó a 200.000 soldados para una nueva ofensiva en el Dombás, Ucrania fracasó en su contraofensiva de junio, y el grupo mercenario Wagner se rebeló; en agosto de 2024, Ucrania incursionó en la región de Kursk, aunque Rusia y tropas norcoreanas recuperaron el área. La comunidad internacional condenó la invasión: la Asamblea General de la ONU exigió la retirada total, la Corte Internacional de Justicia ordenó suspender las operaciones, se impusieron sanciones y se proporcionó ayuda militar a Ucrania, mientras la Corte Penal Internacional investiga posibles crímenes de guerra.