Expansión musulmana

La expansión musulmana comenzó en la península arábiga en el año 622, cuando Mahoma organizó un ejército en Medina que logró unificar la región, y tras su muerte en 632 se aceleró rápidamente gracias a la debilidad de los imperios bizantino y sasánida. En su primer siglo, las conquistas abarcaron Mesopotamia, Persia, Siria, Egipto y el norte de África, llegando a cruzar el estrecho de Gibraltar en 711 hacia la península ibérica, aunque su avance hacia Europa fue frenado en las batallas de Covadonga (722) y Poitiers (732). Posteriormente, el islam se expandió hacia Asia Menor, el sudeste asiático y el África subsahariana mediante diversos estados independientes, mientras que en Europa occidental retrocedía progresivamente debido a la Reconquista española. El Imperio otomano, último gran estado musulmán con pretensiones universales, alcanzó su máxima expansión a fines del siglo XVI, aunque el proceso de casi un milenio estuvo marcado por transformaciones internas como el gobierno de Abdel Mumin (1130-1163). Además, el Imperio bizantino mantuvo el control del Mediterráneo y bloqueó tres ataques árabes contra Constantinopla, impidiendo así que el islam dominara por completo el mar durante sus primeras etapas.